En España, el sida irrumpió como una sombra silenciosa en los primeros años de los ochenta. El primer caso diagnosticado se registró en octubre de 1981 en Barcelona, un hombre de 35 años que falleció poco después, convirtiéndose en la primera víctima conocida de una pandemia que, en aquel momento, nadie entendía del todo. Cuatro meses antes, en junio de ese mismo año, se habían detectado los primeros casos en Estados Unidos, pero fue aquí, en nuestro país, donde el virus comenzó a tejer su red de miedo y pérdida. En Madrid, la capital a solo 55 kilómetros de Redueña, el primer caso público se anunció en junio de 1983: un titular en El País hablaba de «un nuevo caso del síndrome de inmunidad deficiente», y el pánico se extendió como un eco en los barrios y pueblos. No había tratamientos, solo preguntas. ¿Cómo se transmite? ¿Quién es vulnerable? Y, sobre todo, ¿por qué parece que nadie quiere hablar de ello?

En Redueña, un pueblo pequeño de apenas 259 habitantes enclavado entre dehesas y caminos rodeados de encinas, el sida llegó de forma indirecta, a través de las noticias de la radio y los periódicos que llegaban desde Torrelaguna. No hay registros públicos de un «primer lazo rojo» en diciembre de 1996 —el Día Mundial del Sida se conmemora desde 1988, el 1 de diciembre, elegido por la OMS para maximizar su impacto mediático—, pero sí sabemos que en aquellos años, los pueblos como el nuestro empezaron a responder al estigma con gestos discretos, pero firmes. Familias enteras que perdían a un vecino, un amigo, un familiar lejano en la ciudad. El lazo rojo, ese símbolo nacido en 1991 de un grupo de artistas neoyorquinos y adoptado globalmente para mostrar solidaridad, no era solo un trozo de cinta: era una promesa de que nadie se quedaría solo.

Han pasado más de cuatro décadas desde aquel primer diagnóstico en España, y el panorama ha cambiado radicalmente. Hoy, el VIH es una condición crónica manejable gracias a los antirretrovirales: en 2024, cerca de 3.000 nuevos casos se notificaron en nuestro país, pero el 95% de las personas diagnosticadas en tratamiento logran una vida plena, con carga viral indetectable e intransmisible. En Castilla y León, por ejemplo, los datos a junio de 2024 muestran avances en la prevención de la transmisión materno-filial, con tasas cercanas al cero. Y en Redueña, como en tantos rincones de Madrid, hemos aprendido a celebrar estas victorias sin olvidar las batallas perdidas: más de 40 millones de personas han muerto por el sida en el mundo desde 1981, y en España, unas 150.000 conviven con el VIH, muchas de ellas en silencio por el estigma que aún persiste.

Pero el lazo rojo sigue vivo, y en Redueña lo hemos tejido con nuestras propias manos. Este próximo Sábado 29 de Noviembre, los vecinos nos uniremos en la Plaza de la Villa para formar uno gigante, un gesto que no solo apoyará a quienes viven con VIH, sino que recordará a los ausentes. Será un día de abrazos, de historias compartidas en voz baja —de aquel primo que se fue en los noventa, de la amiga que hoy lleva su tratamiento con orgullo—, y de un compromiso colectivo: el conocimiento salva vidas. Porque mientras el virus no discrimina, nosotros sí lo hemos hecho en el pasado, y es hora de romper ese ciclo.

Este sábado 29 de noviembre, anticipando el Día Mundial del Sida del 1 de diciembre, volvemos a la Plaza de la Villa a las 17:30 horas. No será un evento aislado, sino una cadena humana que honre esa historia real de resiliencia. Formaremos el lazo más grande posible, con cinta roja y manos entrelazadas: abuelos que recuerdan el miedo de los ochenta, padres que educan a sus hijos en la prevención sin tabúes, y jóvenes que, nacidos en una era de PrEP y tests rápidos gratuitos, nos recuerdan que la indiferencia es el verdadero riesgo. Habrá charlas de concienciación, porque el 48% de los diagnósticos en España llegan tarde, según la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas, y juegos inclusivos que enseñan que cuidarse es un acto de amor, no de vergüenza.

Venid todos. Traed a vuestra familia, a vuestros vecinos, incluso si creéis que «esto no os toca». Porque en un pueblo como Redueña, donde la solidaridad ha sido nuestra mejor vacuna desde siempre, el lazo no se desata: se fortalece. Cada mano que se une es un recordatorio de que hemos pasado del pánico a la esperanza, del silencio a la voz. Y mientras quede una sola persona que oculte su verdad por miedo, seguiremos aquí, tejiendo rojo.

Sábado 29 de noviembre 17:30 horas Plaza de la Villa, Redueña

Únete al lazo. Porque la causa no es solo nuestra: es de todos.

Ayuntamiento de Redueña Día Mundial de la Lucha contra el SIDA 2025

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